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LEONARDO PADURA : LA VERDAD Y EL RIESGO DE DECIRLA

Por Gervasio L. García http://www.80grados.net/

Leonardo Padura Fuentes es un gran escritor oriundo del paraíso, esto es si nos dejamos llevar por el reciente libro de Time titulado Dentro de la nueva Cuba: descubriendo el encanto de una isla fabulosa en sus orígenes, la gente, la cultura, el paraíso.[i] Pero no se trata de un paraíso cualquiera, sino de un edén presidido por un ateo en transición al catolicismo: “Yo me leo todos los discursos del Papa,” ha dicho Raúl Castro. “Si continúa hablando así, les aseguro que volveré a rezar y regresaré a la Iglesia. Y esto no lo digo en broma.”[ii] Sospecho que en el abandono de ocasión de su ateísmo pesó también la intercesión del Papa en la enredada negociación del restablecimiento de relaciones con los Estados Unidos, librando a Raúl de la lectura de todos los discursos de Obama, pero no de la conversión al capitalismo..

Lo que no es un chiste es que dos enemigos a muerte abracen la amnesia y aquí no pasó nada después de medio siglo de historia torturada y heroica: de bloqueo y acoso planetario inmisericordes, de invasiones, del sacrificio de un pueblo por salir del atraso y escapar del dominio del capital, de la oscura y terrible guerra de Angola, del costoso y trágico fomento de las guerrillas en América, del precio de vivir en la miseria y la falta de libertades.

Y, sobre todo, de estar a punto de desaparecer, de ser evaporados en 1962 en medio de la crisis de los cohetes con cargas atómicas. El pronóstico de Martí de que Cuba sería el equilibrio del mundo se cumplió en ese momento. Edmundo Desnoes, testigo de la época y compatriota de Padura, lo vivió con gran estupor: “Los ex-ter-mi-na-re-mos” dijo Fidel hace un rato. Cogió el toro por los cuernos. Está dispuesto a todo. Está loco. Ya el Pentágono debe tener listo el plan para destruirnos. Nos aplastarán solo por el número de sus armas y de sus hombres. Y si los rusos lanzan los cohetes a lo mejor la tierra se raja en dos. Todo por la isla de Cuba. Nunca hemos sido más importantes ni más miserables.”[iii]

Contra ese trasfondo de cincuenta años de socialismo frustrado y de incontables luchas y sueños perdidos, tenemos que valorar y celebrar la obra de Leonardo Padura. Es claro que Padura no quiere olvidar porque –en palabras de uno de los personajes de su novela Máscaras “…si no hay memoria no hay culpa, y si no hay culpa no hace falta siquiera el perdón”.[iv] En ese afán de recordar, la obra de Padura quedará como el testimonio más sensible y más sagaz de la historia que le ha tocado vivir. En los años duros en que en la isla “no había nada, excepto hambre, cansancio, dolor, rabia e incertidumbre”, Padura apeló a la sinceridad y a la honestidad. “Hay que ser observador y heterodoxo –dice Padura- siempre poniendo signos de interrogación. Mi literatura es una interrogación que interroga a la realidad cubana.”[v]

En su empeño de cuestionar la nación en ruinas, la amistad –esa “necesidad invencible”- y el béisbol, son recursos vitales para el autor. La constante presencia del amigo inválido de Mario Conde, el Flaco Carlos, una de las tantas víctimas de la aventura de Angola, fanático como Conde del béisbol, y la solidaridad que los une desde adolescentes (junto a Josefina, la mítica madre complaciente y cocinera excelsa), son una constante en sus relatos policiacos, una de las tablas de salvación en medio de la desolación.

Y ni hablar de las chispeantes charlas con sus cuates sobre la pelota cubana, una de las claves de su visión del mundo. Un periodista español lo resumió con ironía: “Si la vida fuese justa, Leonardo Padura nunca tendría que haber viajado a España a recoger el premio Princesa de Asturias ni haber escrito El hombre que amaba a los perros. La vida le habría dado lo que quería. Ser jugador de béisbol.” Verlo en la ceremonia frente a los reyes, en guayabera y con una bola en la mano, es algo que solo se le ocurre a un cubano que cree que el béisbol es más que “un deporte y una cultura.” Según Padura, “es parte de una espiritualidad. La esencia de lo cubano está ligada al béisbol por muchas razones,” sobre todo porque propició la “integración étnica”[vi]

Padura, el interrogador implacable de la dolorosa historia inmediata, también se ocupa del pasado lejano y encuentra en José María Heredia uno de los andamios de la nación cubana en ciernes en el siglo 19. Para Padura, Heredia y sus amigos comenzaron a trazar el perfil de un país “no escrito hasta entonces, y al cual dieron rostro y palabra, símbolos y metodología propios.”[vii]

Mi admiración exaltada e incondicional por su libro La novela de mi vida, uno de los textos más hermosos y más poderosos de la literatura latinoamericana, me llevó a defenderla en charla con un historiador cubano que creía que Padura era muy duro con Domingo del Monte, el amigo más cercano de Heredia. Y remató su crítica con un:“ Es que Padura es el último escritor cubano nacionalista,” con un dejo de autoridad, como si todos los nacionalismos fueran iguales.[viii]

¿Por qué destaca Padura la persona y la obra de Heredia? Porque “Heredia –dice Padura– [es] el primer cubano capaz de expresar poéticamente la pertenencia nacional a una cultura naciente, el primero en dejar constancia del trauma del exilio que marcaría la vida y la historia cubana, el primero en revolcarse en la nostalgia por la isla perdida, vuelve a su Ítaca también vencido: por la vida y por la historia.”[ix]

La defensa de un poeta nacionalista que es igualmente romántico, puede sonar anacrónica en los predios de los posmodernos y de otros estudiosos. Pero basta recordar que el romanticismo fue una de las primeras y más agudas críticas pre-marxistas del capitalismo que mutiló la naturaleza, contaminó el ambiente y hacinó en la inmundicia urbana al explotado ejército obrero. Además, los románticos repudiaron las aguas heladas del mercado ciego que convirtió en mercancía al artista y su obra. Por eso apostaron a “las razones del corazón que la razón no conoce.”[x] Sin la identificación romántica de Padura con su patria, sería inexplicable la fuerza y el alcance de sus obras.

Al pensar en el cierre de estas breves palabras, recordé otras de Arcadio Díaz Quiñones sobre la verdad y el riesgo de decirla: “ Todo se juega ahí, en el acto de entender. Descifrar es estar en peligro”. [xi]

En conclusión, este novelista ciudadano de la república “plebeya y bulliciosa” de Mantilla, a las afueras de La Habana, y, por supuesto, pelotero frustrado, también tiene que jugar y bailar con los que se empeñan en perpetuar la turbia Neblina del ayer. Es decir, tiene que “saber lo que es posible hacer y decir en cada momento y también lo que no es posible hacer ni decir,” como aconsejaba el padre Félix Varela.[xii] En palabras de Padura:“Muchas, muchas horas he dedicado a mi oficio, en una lucha terrible por vencer miedos e incertidumbres que lo abarcan todo… muchas incomprensiones me han acompañado, incluso marginaciones, cuando era considerado apenas un autor de novelas policiacas, y algún que otro ramalazo por ser como soy y escribir como escribo.”[xiii]

Al filo del machete, Padura, el hombre que ama la verdad y la autenticidad, ha mostrado el poder liberador del arte. El arte como “veneración y rebelión, celebración y condena, pregunta y respuesta”, como defiende Antonio Martorell.[xiv]

Desde la historia, para entender la Cuba que duele, la obra de Padura nos ayuda a comprenderla desde adentro, desde los sentimientos, las imágenes y las tribulaciones cotidianas. Con gran valentía física e intelectual, en una prosa sorprendente, capaz de conmovernos con “belleza y con pasión.”

[i] Bill Bachmann et al, Inside the new Cuba. Discovering the charm of a once fabulous island, the people, the culture, the paradise. New York, Time Inc., 2015.

[ii] El País, 10 de marzo de 2015.

[iii] Edmundo Desnoes, Memorias del subdesarrollo. La Habana, UNEAC, 1965, pp.58-59.

[iv] Leonardo Padura Fuentes, Máscaras. 3ra ed., Barcelona, Tusquets Editores, 2005, p.111.

[v] El País, 7 de noviembre de 2015.

[vi] El País, 7 de diciembre de 2015.

[vii] Leonardo Padura Fuentes, La novela de mi vida. Barcelona, Tusquets Editores, 2002, p.77.

[viii] V. Rafael Rojas, Las repúblicas de aire. México, Taurus, 2009, pp.172-173.

[ix] El País, 17 de julio de 2015.

[x] E.J. Hobsbawm, The age of revolution, 1789-1848. New York, Mentor, 1962, p. 310.

[xi] Arcadio Díaz Quiñones y otros, Ricardo Piglia, Conversación en Princeton. New Jersey, Program in Latin American Studies, Princeton University, 1998, p.15.

[xii] Padura, La novela…, pp.95-96.

[xiii] Leonardo Padura Fuentes, “Discurso de aceptación del Premio Princesa de Asturias de las Letras.” ABC, 22 de octubre de 2015.

[xiv] Antonio Martorell, “Fear, art and freedom”, Discurso en el Congreso de los Estados Unidos, Washington D.C., 28 de junio de 2007, inédito.

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